El tema central de este blog pretende ser el que gira en torno al concepto de "clima escolar", concepto que durante las dos últimas décadas se ha relacionado principalmente con el aumento de la conflictividad en el ámbito educativo. Conflictividad que genera unas condiciones poco aptas para la convivencia entre los actores educativos y que, por ende, generará un balance negativo en el proceso de enseñanza/aprendizaje.
Esta opinión en términos de conflictividad, de origen especialmente mediático, ha generado un buen número de investigaciones que analizan el fenómeno y proponen medidas para afrontarlo. Dichas investigaciones han aportado un conjunto de sugerencias para la mejora de la convivencia y de los rendimientos escolares, aunque sus puntos de vista, claramente tecnicistas y reduccionistas, olvidan aspectos relacionados con las emociones, las relaciones sociales y el deseo por aprender/enseñar.
El término "clima escolar" adopta diversa significación según los especialistas consultados. Así, Hoy, Tartes y Kottkamp (1991) lo definen como "la manera en que la escuela es vivida por la comunidad escolar" como cualidad más duradera del contexto educativo. Freilberg (1999) habla de "la coherencia -armónica- entre organización, recursos, relaciones sociales y metas educativas". Este último autor trata el clima escolar como un organismo vivo en sentido cultural y organizativo (metáfora biológica). Esta metáfora organicista la utilizó por primera vez Miles (1969), concordando exactamente con el nombre que he dado a este blog (Educación Saludable), ya que, en este sentido, el clima escolar hace referencia a la salud de este "organismo" con un objetivo no sólo de supervivencia sino de adaptación continuada a las condiciones cambiantes del medio ambiente escolar.
Al hablar de "clima escolar" es tentador inclinarse por hablar de "clima de clase" (aula/grupo); o como indicador del binomio convivencia/conflictividad; o bien referirnos al concepto de "cultura escolar", concepto este último más difícil de diferenciar y propicio a generar discusión. Por ello coincido con Hernández y Sancho Gil (2004) en que la noción de clima escolar ha de ser aquella que esclarezca qué tipo de entorno envuelve al alumnado y profesorado en el proceso de enseñanza/aprendizaje y propongo como definición más adecuada la dada por Rodríguez Garrán (2004) en la que define el "clima escolar" como el conjunto de características psicosociales (y organizativas) de un centro educativo, determinado por todos aquellos factores o elementos estructurales, personales y funcionales de la institución que, integrados en un proceso dinámico específico confieren un peculiar estilo o tono a la institución, condicionante, a su vez de los distintos productos educativos.
Este clima escolar institucional es considerado como representativo de la personalidad del centro; posee un carácter multidimensional y globalizador, pudiendo influir en él numerosas variables. No obstante, discrepo de la autora mencionada anteriormente en cuanto a que sea de evolución lenta y posea un carácter relativamente permanente y estable en el tiempo. Estas últimas características son deseables pero diveros elementos y factores del sistema educativo español apenas las favorecen.
Dentro de la institución se pueden distinguir a su vez microclimas (alumnos, profesores, PAS, madres/padres) y las relaciones entre ellos. Es lo más parecido al concepto ecológico de biocenosis y probablemente reproduzca muchas de sus características.
Estoy convencido de que uno de los microclimas más importantes para el desarrollo de un clima escolar saludable es el "microclima de clase", que a su vez puede ser el más variable y vulnerable.
sábado, 26 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)